En el ámbito mundial, las actividades humanas han causado y seguirán causando daños irreparables a los recursos naturales y sus ecosistemas debido a los cambios en el uso y la cubierta de los suelos, la contaminación y degradación de los suelos y el agua; contaminación del aire; el desvío de las aguas hacia ecosistemas intensamente explotados y sistemas urbanos; fragmentación del hábitat; explotación selectiva de especies e introducción de especies no autóctonas, y el agotamiento del ozono estratosférico (IPCC, 2012). Todas estas actividades contribuyen al cambio climático que se vive en la actualidad.

De acuerdo al Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) el cambio climático es la mayor amenaza ambiental, social y económica que enfrenta la humanidad. El aumento en la concentración de Gases Efecto Invernadero (GEI) por distintas actividades antropogénicas está alternando los ciclos hídricos, provocando sequías , inundaciones, aumento del nivel del mar, y alteración de los glaciares tanto en los polos como en las zonas de montañas, con fuertes implicaciones humanas, sociales, económicas y ambientales sobre los países en desarrollo (CCAD-SICA, 2010).

El informe del IPCC del 2014 indica que la temperatura media global ha aumentado 0.82oC con respecto al período pre-industrial, y este aumento se debe a un aumento en las concentraciones de GEI en la atmósfera. El aumento de temperatura global aumenta también la temperatura del mar, y con esto aumenta la probabilidad de ocurrencia de eventos hidrometereológicos extremos con mayor intensidad (IPCC, 2014) los cuales representan un peligro para la región centroamericana.

Para lograr reducir los efectos del cambio climático, los Estados Miembros de las Naciones Unidas firmaron una Declaración sobre el Desarrollo Sostenible como instrumento para asegurar una vida saludable y productiva para el ser humano, en consonancia con la naturaleza y para generaciones recientes y futuras. Los compromisos para el desarrollo sostenible incluyen la necesidad de asegurar que las actividades dentro de la jurisdicción o el control de los Estados Miembro no dañen el medio ambiente, tanto dentro de sus fronteras como en otros Estados o zonas fuera de los límites de sus respectivas jurisdicciones nacionales.

Bajo ese contexto, los Estados Miembro de las Naciones Unidas aprobaron en 1994, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) con el compromiso específico de “estabilizar las concentraciones de gases efecto invernadero (GEI) en la atmósfera a un nivel que preventa interferencias antropogénicas peligrosas con el sistema climático, dentro de un marco temporal suficiente como para permitir que los ecosistemas se adapten de manera natural al cambio climático, para asegurar que la producción alimentaria no se vea amenazada, y para permitir un desarrollo económico de manera sostenible (CMNUCC, Artículo 2).

Los Estados Miembros del SICA, como países signatarios de la CMNUCC, se han comprometido a contribuir en los esfuerzos para estabilizar las concentraciones de GEI. Cada país de la región ha dado pasos importantes para lograr los mejores resultados de este esfuerzo y, de manera conjunta, también han dado pasos significantes para reducir las acciones que contribuyen con el cambio climático y el efecto invernadero.

No solo la CMNUCC ha sido un instrumento fundamental para alinear las políticas públicas de los países de la región sino que también la Agenda de Desarrollo Post-2015 de la Organización de las Naciones Unidas. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030 (ODS) contempla los siguientes: (1) fin de la pobreza; (2) Hambre cero; (3) salud y bienestar; (4) Educación de Calidad; (5) Igualdad de género; (6) Agua limpia y saneamiento; (7) Energía asequible y no contaminante; (8)trabajo decente y crecimiento económico; (9) Industria, innovación e infraestructura; (10) Reducción de las desigualdades; (11) Ciudades y Comunidades sostenibles; (12) Producción y consumo responsables; (13) Acción por el clima; (14) vida submarina; (15) Vida de ecosistemas terrestres; (16) Paz, justicia e instituciones sólidas; (17) Alianzas para lograr los objetivos.

A pesar que estos objetivos fueron recientemente aprobados, muchas de los instrumentos de coordinación que se han elaborado a nivel de la región llevan estos objetivos implícitos en las acciones planteadas. Un ejemplo de ello es la Estrategia Regional de Cambio Climático que se describe a continuación.
 

Volver